Hay un lugar en Brasil a pocas horas de vuelo de Buenos Aires que merece una visita por, al menos, cuatro motivos: naturaleza exuberante, vinos y espumantes premium, gastronomía y la buena onda de sus anfitriones. La Serra Gaúcha (Sierra Gaucha), en el estado del Rio Grande do Sul, es un destino aún muy poco conocido por los mismos brasileños, donde se han hecho inversiones millonarias para recibir muy bien al turista. Y que apuesta también a tener presencia de argentinos durante todo el año.
“Queremos que los argentinos se queden más tiempo en nuestras tierras, ya sea cuando vienen directamente para nuestro estado o cuando están de paso, rumbo a las playas de Santa Catarina o Río de Janeiro”, dicen en la Secretaría de Turismo de Río Grande del Sur.
Uno de los epicentros de este itinerario es el municipio de Bento Gonçalves, a una hora y media de Porto Alegre, capital del estado. A su vez, Porto Alegre está a una hora y media de vuelo desde Buenos Aires. O sea, con un viaje de unas tres horas (un poco más para algunos pueblos más alejados) se puede estar en un paisaje de cerros y montañas que inspira por su belleza natural y las historias de sus productores. Una región próspera en un estado que está logrando superar las huellas que dejaron las dramáticas inundaciones que la azotaron hace dos años.
Desde Porto Alegre
Al llegar a Porto Alegre, las primeras imágenes son de su orla ya reconstruida, donde los vecinos hacen running y otros deportes. Allí está una de las mayores pistas de skate de América Latina. Y sitios culturales que son referencia nacional, como la Casa de Cultura Mario Quintana. Gaúcho de Porto Alegre, Quintana fue el gran poeta de la simplicidad de la vida; orgullo nacional, junto con los escritores también gaúchos Erico Veríssimo, autor del clásico El tiempo y el viento, y Luiz Fernando Veríssimo, muy amigo de Hermenegildo Sábat.
Porto Alegre, Brasil, punto de partida para quienes llegan en avión. Foto ShutterstockEn esta ciudad, los restaurantes frente al río Guaíba permiten una vista abierta. Es así, por ejemplo, en el restaurante 20/9 (20 barra 9), del grupo Manda Brasa, con un menú de carnes, ensaladas y frutos de mar de gran calidad y precios que no asustan al bolsillo argentino.
El nombre del restaurante 20/9 es un homenaje a la Revolución Farroupilha, hecho histórico que marcó la revuelta en el estado en contra el Imperio portugués el 20 de septiembre de 1835.
Los platos de carne más pedidos -son para dos personas- cuestan 129 y 159 reales. Hay hamburguesas y la variedad de cortes de carnes del churrasco (parrilla) brasileño. Para acompañar, una sugerencia son los cogumelos (hongos) portobello asados. Un vino o espumante de la Serra Gaúcha hace un buen matrimonio con la gastronomía local.
Una historia de inmigrantes
Si ya nos internamos en el Vale dos Vinhedos, en Garibaldi (a poco menos de dos horas en auto de Porto Alegre) encontramos otro restaurante para tener en cuenta: Primo Camilo. El dueño, Altemir Pessali, es un exjugador de fútbol del Fluminense, de Río. Además de chef, es un anfitrión súper agradable; le gusta hablar de gastronomía, de fútbol, de los hongos premium que cultiva, de los vinos y de su ciudad.
Grandes vistas en la bodega Miolo.Actualmente, el enoturismo es el pilar de Garibaldi, de Bento Gonçalves y otras localidades vitivinicultoras, como Farroupilha y Pinto Bandera.
La inmigración italiana es la raíz de muchos de los viñedos que serpentean los kilómetros y kilómetros de sierras con buenas rutas, vista deslumbrante y plantaciones de varios tipos de uvas, además de duraznos, higos y bananas.
Por la ruta se ven las casas típicas de los colonos italianos, que empezaron a llegar a fines del siglo XIX. Tienen banderas de Brasil y de Italia, y también de Alemania y otros países europeos.
Es que la historia de la mayoría de las bodegas de esta zona empieza con la llegada de un bisabuelo o abuelo. Es el caso de las vinícolas Aurora, Casa Valduga, Miolo, Familia Salton, Don Giovanni y Casa Perini.
Los viñedos de Casa Perini. Los antepasados de los actuales productores trabajaron duro en la tierra, con uvas italianas (o de otros lugares) porque las brasileñas parecían no adaptarse para crear buenos vinos.
Ahora, hijos, nietos y bisnietos de aquellos colonos hablan con orgullo de sus antepasados. Muchos estudiaron en California, como los jóvenes Lucas Foppa y Ricardo Ambrosi, de la vinícola Foppa & Ambrosi, y también en Mendoza, donde se especializaron como enólogos y sommeliers, y ofrecen vinos (y principalmente espumantes) admirados por los especialistas. “Cuando viví en Porto Alegre a fines de los 90, la calidad de los vinos y espumantes estaba muy lejos de lo que es hoy, de altísima gama”, dijo el paulista Luiz Gastão Bolonhez, creador de contenidos especializado en vinos.
No sólo las bodegas se especializaron cada vez más, sino que también, en los últimos años, los productores se dieron cuenta de que estas tierras son ideales para los espumantes. Las uvas chardonnay y pinot noir se adaptaron muy bien al suelo local. Así lo aseguraron los productores de cada una de las diez bodegas de este itinerario sugerido por la plataforma Wine Locals.
Arquitectura y atardeceres
En muchos casos, los productores fueron ampliando las sedes originales de las bodegas. Aquellas casas simples de sus abuelos o padres hoy son un retrato de alta gama, como las bodegas de La Familia Geisse (brasileña-chilena) y Miolo.
Enorme sala de toneles en Miolo.La arquitectura de cada una de ellas, como puede verse también en Mendoza, fue pensada para atraer al visitante. Y en la Serra Gaúcha todas ellas tienen restaurantes con gastronomía de primeira, como dicen en Brasil, y están también las que organizan fiestas de casamientos o tienen espacios especiales pensados para los visitantes. Casa Perini, en Vale Trentino (Farroupilha), por ejemplo, tiene un espacio en medio del verde y la vista espectacular para que los enamorados dejen sus candados del amor.
Además de lugar para los románticos, las vinícolas brasileñas también ofrecen agenda para deportistas o, simplemente, para el que quiere vivir la experiencia enoturística y bellos paisajes.
La bodega Miolo, en Bento Gonçalves, tiene una terraza que mira a los viñedos y es el lugar recomendado para la hora del atardecer (pôr do sol). Es inolvidable.
Lo mismo se puede decir de Casa Valduga, en Bento Gonçalves, o de Familia Geisse, en Pinto Bandeira. En el restaurante de Casa Valduga, entre vinos, espumantes, pasta y carne, el enólogo Eduardo Valduga cuenta que es un enamorado de Mendoza, donde vivió 9 años. Para él, los argentinos hacen parte de su vida, al igual que la bodega fundada por sus antepasados italianos.
Vista desde la ruta en la zona de Bento Gonçalves.“El tema de Brasil hoy es desarrollar su identidad de vitivinicultura. Ya tenemos premios de espumantes, ahora falta una identidad nacional y recibir más y más turistas”, dice. En la Casa Valduga unió dos pasiones: la música y el vino. Y por eso en el tour los visitantes pasan por un túnel con música gregoriana que invita a oír y que, asegura Valduga, influye en el bienestar del vino que está en plena producción.
Fitness, arte y girasoles
En la bodega Amitié, ubicada en Garibaldi y liderada por las emprendedoras Andreia Gentilini y Juciane Casagrande, prima la delicadeza de sus productos y un rótulo nuevo de bajo nivel de alcohol.
Girasoles en Serra Gaúcha, en la bodega Don Giovanni. “Con los cambios de hábitos de alimentación y la dedicación al fitness -y también como invitación a nuevos consumidores-, trabajamos el vino blanco Below, con uvas treviano. Un vino que es fresco y con un 30% menos de calorías”, cuenta la enóloga Juciane Casagrande.
Mientras tanto, en Casa Perini, el productor Pablo Perini, que es artista plástico, abre su espacio a los artistas. En su galería, que es parte de la bodega, propone recorrer las obras y hablar de cultura y vinos.
Para el final del viaje elegimos un lugar que es punto de encuentro para amantes del vino: las plantaciones de girasol de la bodega Don Giovanni, una de las más antiguas de la región. La gente se reúne allí, en medio de un mar de girasoles, al atardecer, para brindar por la vida y, claro, el dios Baco.
Como llegar
- Desde Porto Alegre a Bento Gonçalves, Farroupilha o Pinto Bandera: hay ómnibus que parten de la Terminal de Porto Alegre para los destinos de la Serra Gaúcha. El precio del pasaje por tramo a Bento Gonçalves es de alrededor de R$ 66, según la empresa y el horario.
- Para llegar del aeropuerto a la terminal de ómnibus hay metro de superficie, el Trensurb. El boleto cuesta R$ 5. El transfer para tres personas, del aeropuerto a Bento Gonçalves, cuesta R$ 634 por tramo.
Bodegas: cuánto cuesta la degustación
- Vinícola Aurora, Vale de los Viñedos. Degustación a partir de R$ 70 y una hora de duración. (Instagram: @vinicolaaurora)
- Amitié, en Garibaldi. Degustación a partir de R$ 170 y 50 minutos de duración (Instagram: @amitievinhos)
- Casa Perini, en Santos Anjos, Farroupilha. Tour guiado y degustación a partir de R$ 145 y 1 hora y 30 minutos de duración. Bike Tour Experience: a partir de R$ 410 con una picada y un espumante o vino o jugos y las copas que llevas a tu casa (Instagram: @casaperini)
- Casa Valduga, Bento Gonçalves. Tour y degustación a partir de R$ 180 por persona (Instagram: @casavalduga y @enoturismo_casavalduga)
- Foppa&Ambrosi, en Garibaldi. Degustación a partir de R$ 200 por persona y duración de 1 hora (Instagram: @foppaeambrosi)
- Miolo, en Bento Gonçalves. Tour guiado a partir de R$ 90 por persona (Instagram: @grupomiolo)
Dónde y qué comer
- 20/9, Pontal shopping, en Porto Alegre: Los platos de carne más pedidos y que son para dos personas salen R$ 129 y R$ 159. El entrecote lote9 (R$ 129) y el vacío lote9 (R$ 159). Para acompañar, ‘arroz de tútano’, típico de Rio Grande del Sur (R$ 69) o puré de zapallo (abóbora) en la parrilla. Y hamburguers a partir de R$ 62. Y si te gusta el coco, una sugerencia es la ‘cocada de forno’ -en este caso muy típica del estado de Bahia- R$ 32 (Instagram: @20barras)
- Trattoria Primo Camilo, Garibaldi. El menú es rico y variado y incluye entradas (burrata buenísima), risotos (el de camarón es muy recomendable) y carnes (pato al horno, por ejemplo) y postres (como el tiramisú). Los risotos, por ejemplo, son a partir de R$ 180 y la burrata R$ 79 y el tiramisú R$ 48 (Instagram: @primocamilo).
Para tener en cuenta
El city tour de la empresa Ciao Bus por la región de los viñedos cuesta R$ 75 por adulto (comprando dos tickets). El tour se realiza sábados y domingos, con más de 30 paradas por las bodegas, cafés, restaurantes (www.ciaobus.com.br).


