“Medellín eterna primavera. Son tus mujeres rosas que adornan el jardín. Hay que ver para creer cuando el sol despunta el alba y preña tus laderas…”. Esos son los versos de una canción que el Grupo Niche le dedicó a la capital de la provincia montañosa de Antioquia en Colombia. Apenas la camioneta abandona el Aeropuerto Internacional José María Córdova, la letra de la salsa produce sentido.
A los pocos metros, la imagen es de un verde intenso, de bejucos leñosos, de epífitas, de soto bosque.
Si la mirada se detuviera, si bajáramos del vehículo un momento, podríamos fijar la vista en una orquídea o algunas de las cientos de plantas y frutales que viven en esta ciudad. A quien quiere oírlo, los locales dicen que acá se puede comer una fruta distinta -sin repetir ni un día- durante más de un año.
En los últimos años, la segunda cuidad colombiana se convirtió en la elegida por miles de nómades digitales, alentados por su agradable clima templado, su vida nocturna y una infraestructura que facilita el teletrabajo.
En sintonía, su escena gastronómica y de bares fue creciendo con grandes variantes, algunas de ellas de gran nivel y sofisticación.
Una postal clásica de Medellín, Colombia. Foto ShutterstockEn una recorrida de primavera por la ciudad, una selección de opciones para disfrutar en Medellín.
Museo a cielo abierto
La Plaza Botero, dedicada al gran artista Fernando Botero, es un buen punto de partida para conocer el centro de la ciudad.
Allí, entre vendedores ambulantes de zapatillas y paltas, se pueden ver 23 esculturas de gran tamaño -donadas por el mismo artista- de sus personajes redondos y voluptuosos.
Arte al aire libre en la Plaza Botero. Foto ShutterstockQuien quiera profundizar un poco más en el legado del escultor nacido, justamente, en Medellín, se puede visitar el tercer piso del Museo de Antioquia, que reúne lo mejor de su producción de dibujos, pinturas y esculturas desde 1974 hasta 2008.
El recorrido es un botón de muestra de su mundo, lleno de referencias a la historia del arte, la abundancia del trópico, lo religioso y la vida cotidiana de Colombia.
Después, la caminata por el centro atraviesa el edificio gótico del Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe; el mural “Historia del desarrollo económico e industrial del Departamento de Antioquia”, de Pedro Nel Gómez, con escenas de agricultura, ganadería y toda la transformación social de la ciudad; la Iglesia Nuestra Señora de la Candelaria, la más antigua de la ciudad de 1649, y los parques: Del Río, De las Luces y De los pies descalzos.
Al dejar atrás el bullicioso centro, las voces de los vendedores siguen resonando como una melodía urbana.
Pasillos con sabores y colores
Si recorrer un mercado es asomarse a la identidad de un lugar, hacerlo en Medellín tiene aún más sentido porque la región desborda en colores, aromas y una asombrosa variedad de frutas y verduras.
Color y sabor en el mercado Plaza Minorista. Foto Diana Echeverry / Turismo MedellínEn los pasillos del mercado Plaza Minorista José María Villa hay más de mil negocios y se encuentran productos de todo el país: carnes, pescados y un mundo -un mundo inmenso y colorido- de frutas. Muchas de las cuales nunca vimos en nuestras verdulerías: la guayaba agria y la guayaba manzana -de sabor notablemente diferente-, un níspero costeño dulce como una leche condensada, un local solo dedicado a las paltas de distintas variedades y otro donde se destaca la “fruta milagrosa”, que suprime la acidez e induce el dulzor en alimentos y bebidas ácidos.
Si tiene tiempo, puede pasar por el local de Don Ovidio Rodríguez, que más que vendedor es un catedrático sobre la importancia del maíz en la alimentación de nuestra civilización. Y vende una torta de choclo deliciosa. No deje de probarla.
Una fruta para cada día. Foto Diana Echeverry / Turismo MedellínAunque nuestra costumbre se vuelca más hacia los desayunos ligeros, un buen consejo es dejarse llevar por las costumbres locales. En La Esquina de la Ricura, sirven desayunos suculentos y deliciosos que incluyen platos como consomé de bagre, arroz de coco con patacón y pescado y jugo de guarapo con maracuyá.
Pero si la gastronomía es clave en el viaje, vale tener en cuenta que en la ciudad también hay un tour llamado Medellín Comestible, que invita a recorrer sus calles con la mirada puesta en la agricultura urbana y en la riqueza de esta tierra colombiana (se puede buscar en @arvenses en Instagram).
Verde y vidrio
La camioneta abandona el perímetro urbano de Medellín en dirección al corregimiento de Santa Elena. El vehículo trepa por las suaves pendientes, las colinas bajas, el clima tropical húmedo de las montañas. Todo es de un verde intenso.
Panorámica de la ciudad, rodeada de montañas verdes. Foto ShutterstockEn ese lugar, una casa y taller sencillos, funciona SiO2, espacio donde confluyen el arte en vidrio y la enseñanza. Mientras su dueño, Santiago Gil Durán, explica cómo es el curso, la mirada se pierde en dos hornos que son un infierno de calor. Desde allí se rescatan las piedras que después se moldean.
“Esto es pura alquimia”, dice uno de sus colaboradores. Y tiene toda la razón.
A lo largo del día, Santiago explica con paciencia todo el proceso: para qué sirve cada horno (están a más de 1.200 grados), el enfriamiento, cómo manipular y crear objetos.
Pide voluntarios. El vidrio sale como una miel, que con la temperatura ambiente se solidifica. Con paciencia, hay que girar unas varillas para evitar que se caiga al suelo y se pierda.
“El vidrio es un trabajo en equipo y es clave desarrollar la tolerancia a la frustración. Puedes trabajar tres horas en un objeto y perderlo todo por un simple descuido”, dice Santiago.
Algunos hacen piezas de vidrio sólido, como un adorno. Y otros con vidrio soplado, como un vaso o un florero. Al finalizar la jornada en el del pequeño taller, todos volvemos contentos y con nuestras creaciones en un entorno verde.
Gastronomía, innovación y tradición
La bandeja paisa. La arepa antioqueña. Los patacones. El sancocho. Así la lista podría continuar enumerando cada una de las delicias de la cocina de la región.
Alta gastronomía en el restaurante Test. Foto TestAdemás de esos clásicos, la escena gastronómica de Medellín está renovándose constantemente con nuevas propuestas de autor.
A cargo del chef Adolfo Cavalie, Test es un restaurante y laboratorio gastronómico y creativo que experimenta con productos locales.
“Todos (los ingredientes) vienen de un radio de no más de 160 kilómetros del restaurante”, cuenta Cavalie antes de iniciar el menú degustación de nueve pasos.
El menú es un viaje de sabores logrados por la región y sus alrededores, con maridaje de tragos basados en frutas y hierbas locales. Por ejemplo, trucha con un trago a base de tequila blanco y guayabas; pato con un gin con toques de chontaduro y coco y langostinos, con tapioca y cítricos con una kombucha de hinojo y melón.
Restaurante y laboratorio gastronómico. Foto TestAl final, el toque goloso viene con un postre a base de cacao y lulo, con ron, choiba y plátano. Y una degustación de cacao madurado.
Otro restaurante que es una oda al producto -en este caso de mar- es Krudo, especializado en pesca del Pacífico y mariscos del mar Caribe.
“Queremos traer el mar a la montaña”, dicen. La maduración en frío y al vacío es una de las especialidades de la casa, con el atún como insignia (lleva 20 días de maduración). El lugar es pequeño, encantador, con una barra y los vinilos en el centro de la escena.
También se puede ir a Casa Barranco, un restaurante de comida peruana criolla. Se destaca la ostra a las brasas, la causa con atún de aleta amarilla y la papa rellena con estofado de rabo, entre otros.
A bailar y beber
La vibrante vida nocturna de Medellín es uno de los atractivos que cautiva a los jóvenes nómades digitales. La escena de la coctelería local, por ejemplo, tiene varios bares premiados internacionalmente.
Uno de los casos es el Bar Carmen, que tiene un ambiente cálido y la maestría de Maycoll Tobón con los más diversos ingredientes y destilados locales. Hablar unos minutos con él es descubrir el mundo de la mixología local.
Vista entre cúpulas y edificios, en el centro. Foto Diana Echeverry / Turismo MedellínPara obtener una vista privilegiada de la ciudad, la mejor opción es Mamba Negra, un bar ubicado en el piso 22 de un edificio, con toque modernista en su arquitectura.
El lugar tiene además una “sala laboratorio”, donde experimentan con coctelería 100% colombiana, inspirada en la flora y la cultura del país.
Si el cuerpo pide baile, Quema que quema es un bar enfocado en la salsa, en el que tocan grupos en vivo los viernes y sábado.
Como en otras ciudades del mundo, los audiobares también marcan tendencia en Medellín. Por ejemplo, los vinilos y los tragos son protagonistas en Mala, un speakeasy (bar oculto) que ya es un secreto a voces.
Y el final puede ser el encantador Siete Pulgadas, un bar de vinilos que tiene el tamaño de un living y una atmósfera que dan ganas de quedarse y bailar más allá del segundo trago.
Descubrir un sabor nuevo con un trago o un plato elaborado. Probar su universo de frutas. Detenerse en la forma del vidrio. Sentir el cuerpo al ritmo de la salsa. Admirar el verde siempre presente de sus calles.
“Medellín, eterna primavera”, dice la canción, sobre esta tierra que se disfruta todo el año.
Cómo llegar a Medellín
Avianca tiene vuelos directos desde Ezeiza hasta Medellín. LATAM y JetSmart también ofrecen opciones para llegar, con escala previa en Lima. Se consiguen pasajes ida y vuelta desde US$ 436.
Dónde alojarse
Patito Feo es un hotel tipo apart en El Poblado, una de las zonas más populares y turísticas, con gran vida nocturna y oferta gastronómica. Hay habitaciones con jacuzzi privado; otras pueden usar el de la terraza. Habitaciones dobles desde US$ 80 (Instagram @patitofeostays; +57 3243546269).
Cuánto cuesta
- Una cena de nueve pasos en Test cuesta US$ 100, incluye maridaje con tragos con y sin alcohol (@test.klab en Instagram).
- En Casa Barranco, un pisco sour de lulo cuesta US$ 10 y un ceviche unos US$ 12 (@casabarranco.mde).
- SiO2 es un espacio artístico para aprender sobre vidrio soplado. Talleres desde US$ 70 de una hora para aprender a realizar objetos de vidrio macizo y soplado (@sio2arte).
- El Museo de Antioquia es el lugar al que Fernando Botero ha donado la mayor cantidad de obras. Entrada, US$ 12 por persona.


