Los separa una vía. Entre la Bombonera y el hotel Howard Johnson Undici República de La Boca hay unos 50 pasos de distancia y una «frontera» de metal, una línea dibujada por esos rieles de comienzos de siglo XX por los que pasa la línea del ferrocarril de carga General Roca una vez al día.
«La caja de bombones» comparte ahora el recorrido del sol con otra «caja». Desde el mirador de este hotel se consiguen fotos increíbles de «las costillas» de cemento del gigante, curiosos ángulos externos de esos míticos 32 metros de altura.
Si algo le faltaba a esa patria xeneize de 155 años a la que visitan millones de turistas al año era un hospedaje de nivel internacional. En esa zona histórica de xeneizes -genoveses- a la que Quinquela Martín llenó de color e identidad, hay un desarrollo inmobiliario que invita a despertarse con el estadio como paisaje en cada ventana.
Cómo nació el hotel
Hace poco más de un año -bajo el nombre «Undici»- a la geografía de conventillos centenarios, Riachuelo, transbordadores, proas y museos se acopló tímidamente un complejo de ochenta habitaciones. Sesenta están destinadas al proyecto hotelero y veinte son departamentos de propietarios privados. El arribo ahora de la firma Howard Johnson le hace tomar otro impulso a estos más 10.000 m2 cubiertos.
«No hay Boca sin absolutismo», juzga Gabriel Impallari, gerente general del hotel desde hace cinco meses, ex empleado del Caesar Park. «Pensaba que yo era hincha, hasta que empecé a conocer a la gente que viene acá, otro nivel de fanatismo. Los picos de ocupación se dan los días previos a que juegue Boca».
De raíces italianísimas, ligado a Lanciano, Chieti, región de Abruzos, por parte materna y a Cianciana, Sicilia, por parte paterna, Impallari remarca la cuestión del rasgo inmigratorio y portuario como parte de la vivencia turística de esta zona del sudeste porteño. «No hay otras propuestas de alojamiento en este barrio, no es un destino normalmente hotelero, por lo cual todavía estamos conociendo nuestro mercado. No pasaba hasta ahora que se quedaran a vivir aquí para atravesar la experiencia integral de La Boca».
Cómo es el hotel: habitaciones y otros servicios
Undici. En italiano la palabra significa «11». Uno se pregunta por qué esa elección y no bautizar «dodici» (12) a un emprendimiento hotelero/inmobiliario ligado con lo boquense, pero lo vinculado al jugador número 12 sobrevuela más allá del nombre…
Un asador en uno de los ocho pisos para comer con vista al Alberto J. Armando. Foto: Santiago García DíazOcho pisos en Brandsen 927. Los dos primeros se destinan a estacionamiento (más de 100 cocheras privadas) y otros cinco niveles corresponden a las habitaciones. En el último piso se luce la terraza en la que se realizan «previas de partido» con propuestas gourmet, tragos y DJ en vivo. Algunos propietarios de los departamentos decidieron habitarlos, mientras que otros los alquilan.
Las habitaciones tienen un estilo sobrio. Se decidió que la ambientación no se vinculara al fanatismo ni optara exclusivamente por los tonos auriazules. El precio promedio de la habitación por noche es de 180 dólares. La tarifa sube si se trata de las dos grandes suites, las llamadas «corners», más amplias.
La estadía incluye desayuno buffet en El Genovés, contiguo a la recepción, un restaurante con especialidad en parrilla, pastas y risottos.
No es raro encontrar como huéspedes a arquitectos o ingenieros del mundo interesados en algo más que el fenómeno futbolero y social. La vista de un lado de la Bombonera les permite estar cerca de eso que ilustran los libros de la materia: 72 pilotes de 12 metros de profundidad, raíces monstruosas de hormigón hundido en la tierra. No es mito aquello de que tamaña estructura de la cancha resistiría a un terremoto porteño, porque el coeficiente de seguridad con que fue construido el estadio es mayor del que se utiliza en los estándares actuales.
Metegol en uno de los espacios comunes, además de libros, radios y televisores de colección.El refugio que busca funcionar como apéndice del estadio Alberto J. Armando tiene spa, gimnasio y una azotea con piscina. De 17 a 22, en la terraza se luce un canal de streaming (805), por cuyo estudio suelen desfilar invitados ligados al club.
Ya hubo viajeros hasta de China que intentaron armar el «rompecabezas» que suponen las pistas que brindan las paredes de los pasillos: cuadros alusivos a los inmigrantes llegados a La Boca, a las casitas multicolor de chapa, a los estibadores del puerto…
Algunas particularidades de los espacios comunes: hay salas de espera con metegol, libros de Ray Bradbury, César Vallejo, Roberto Fontanarrosa, Eça De Queiroz, Pablo Neruda, Robinson Crusoe…y estanterías decoradas por radios antiguas y televisores de los ’70 a tubo, con detalles de perillas que emocionan a coleccionistas…
Las habitaciones, con vista a la Bombonera. Foto: Santiago García Díaz.El hall de entrada ya intenta funcionar como cápsula marítima en la que se recrea el espíritu inmigrante, entre antiquísimas valijas de cuero y formas de buque. Una vez que el conserje invita a «zarpar», sobreviene la experiencia «túnel», un primer pasillo con esculturas de alambre y cuadros con homenajes a Diego Maradona, Franco Colapinto y Edinson Cavani.
Para los mortales que no tienen el privilegio del que disfrutó Dalma Maradona en 2002 (su cumpleaños de 15 años en la mismísima Bombonera, con un globo enorme recubriendo el campo de juego), hay oportunidad de acercarse a eso en el salón del hotel (bautizado, justamente, La Bombonera): ya se celebraron casamientos, 15 años y aniversarios empresariales (la capacidad oscila entre 60 y 150 invitados, según se opte por modalidad de pie o mesas).
Justo frente al mural que avisa que «sin potreros no hay Maradonas» y al proyecto de gimnasio para socios boquenses que impulsa el club, este Howard Johnson Undici República de La Boca -que no tiene relación comercial con la institución xeneize- suma a un circuito que promete desarrollo. Ya es oficial que Hard Rock firmó un acuerdo con las autoridades de Boca Juniors para el desembarco en la Bombonera en 2026.
Los que salen del hotel para explorar los alrededores, apenas tienen que caminar tres o cuatro cuadras para cambiar increíblemente de hábitat. Más allá del estadio o del clásico Caminito, cientos de turistas disfrutan de una antropología urbana irrepetible, entre perros que duermen a cielo abierto, museos, locales de merchandising auriazul, sedes de sindicatos como el Naval e históricas entidades sin prensa.
El hall del hotel, que busca recrear el espíritu de los inmigrantes y los barcos de La Boca. Foto: Santiago García DíazEl centro cultural y comedor comunitario Unión de madres, por ejemplo, es una de esas instituciones linderas de gran contraste, en cuyos muros se concentran grandes capítulos de la historia de La Boca: una casilla que hace un siglo habitaba el jefe de estación de trenes y que abastecía de agua las calderas de las locomotoras.
Desde el hotel anuncian que en una de las medianeras preparan un supermural que recreará el abrazo de Lionel Messi y Juan Román Riquelme en la Bombonera. A cargo del trazo estará el artista Mario Abad, quien ya homenajeó en el barrio a Tita Merello y Anibal Troilo, en Avenida Patricios y Arzobispo Espinoza.
«Aquí se respira otro tipo de oxígeno», jura Philippe, un francés ahogado por el humo parrillero de un domingo en el que Boca Juniors es local. Acaba de salir del flamante hotel y con sólo cruzar la calle ya está vivenciando «le precedent» en La glorieta de Quique, la previa en aquella parrilla que desde 1973 despacha los «choris» más famosos de la zona.
«¿Es cierto que el ingeniero responsable de la Bombonera fue un mago del espacio reducido? ¿Qué pasaría si demolieran este coliseo para reemplazarlo por una cancha al estilo de Qatar?». Como una máquina interrogadora, Luigi, un italiano de Calabria pregunta y anota. Compró binoculares y siente que ni la cámara de su novísimo Iphone alcanza para fidelizar lo que está viendo. Esta noche, en lugar de ovejitas, por la ventana del hotel contará algunas de «las costillas» del estadio .


