La región de la Puglia (en español, Apulia), en el sur de Italia, es sinónimo de acantilados abruptos, playas de arena dorada bañadas por aguas cristalinas y pueblos de piedra detenidos en el tiempo.
Pero también, en su interior se despliegan llanuras fértiles, colinas suaves y campos de olivos milenarios.
Con 370 km de playas a lo largo de 995 km de costa, paisajes mediterráneos impresionantes y la zona montañosa del Gargano, la región invita a descansar junto al mar, disfrutar de la gastronomía y deambular entre construcciones que se destacan por su rico patrimonio y su valor histórico y cultural.
Si bien la Puglia empezó a ser «tendencia» entre los agentes de viajes y terminó de ponerse «de moda» en las redes sociales, hoy integra definitivamente el mapa turístico del país.
A continuación, cinco destinos imperdibles de esta antigua región que se extiende de cara a la inmensidad del mar Adriático y mar Jónico.
1) Alberobello, con sus «trulli» y los techos cónicos
Los techos cónicos de los «trulli», las casas icónicas de Alberobello. Foto ShutterstockEn el horizonte, se divisa un mar de techos cónicos grises sobre decenas de casas blancas. Estamos en Alberobello, un pueblito que parece salido de un libro de cuentos y sus calles son empinadas y angostas..
Uno no tarda en descubrir la fascinación que despiertan en turistas de todo el mundo estas viviendas llamadas trulli, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Cerca de Bari, el poblado debe su nombre a la frase latina siva arboris belli (“la madera del árbol de la guerra”).
Alberobello, famoso por sus casas de techos cónicos llamadas «trullis». Foto ShutterstockUn trullo (singular de trulli) es una pequeña casa rural de una sola planta, por lo que las grandes familias vivían en grupos de trulli construidos uno al lado del otro.
Al principio sirvieron como refugios de campo y almacenes, pero luego se convirtieron en el alojamiento habitual de la población.
Hay dos grandes distritos: Aia Piccola es una zona residencial, mientras que Rione Monti es el principal destino turístico con cerca de mil trulli.
2) Polignano a Mare, acantilados y melodías
El casco histórico al borde de los acantilados en Polignano a Mare, Italia. Foto Shutterstock“Volare, oh oh / Cantare, oh oh oh oh». Una de las canciones italianas más pegadizas tiene sus orígenes en Polignano a Mare, el pueblo natal del autor Domenico Modugno.
Y gracias a su éxito, se convirtió en el principal embajador de este pueblo encantador, con gran oferta de restaurantes de mariscos y helados artesanales.
Sin dudas, es una de las ciudades apulenses más bonitas de la costa adriática, con casco histórico muy pintoresco casi al borde de los acantilados, playas y calas escondidas.
Polignano a Mare, un pueblo único en la región de Puglia. Foto ShutterstockLa postal icónica de Polignano es la playa de Lama Monachile: sobre la antigua Via Trajana -que unía Brindisi con Roma-, durante el Imperio Romano era una aldea de pescadores.
Hacia el siglo XVI, allí funcionó un importante puerto comercial y todavía se conserva parte de la muralla medieval.
Su particular geografía atrae a visitantes de todo el mundo, y es una de las mecas del clavadismo. Eso sí: para bañarse hay que usar zapatillas de agua porque el suelo es pedregoso.
3) Ostuni, la ciudad blanca
La «ciudad blanca» de la Puglia. Foto ShutterstockEs conocida como la «Ciudad Blanca» por sus casas encaladas, y ofrece vistas panorámicas espectaculares.
Al adentrarse en el laberinto de calles estrechas y plazas con vistas a los olivares y el mar, Ostuni va resultando cada vez más encantadora para los visitantes.
Vista aérea de Ostuni, en el sur de Italia. Foto ShutterstockSobre tres colinas y a tan solo unos kilómetros del mar Adriático, es perfecta para caminar sin apuro, sacar fotos increíbles y disfrutar de la cultura local, las trattorias y las cafeterías.
Las escalinatas empedradas, los arcos antiguos y las plazas silenciosas integran un conjunto arquitectónico inigualable, donde cada rincón tiene siglos de historia.
En lo alto se alza su catedral de estilo gótico, mientras que también se conservan las antiguas murallas y puertas de la ciudad.
4) Lecce, la «Florencia del sur»
Lecce es conocida como «la Florencia del sur», en Italia. Foto ShutterstockLe dicen “la Florencia del Sur” por su barroco deslumbrante: precisamente, el sello distintivo de Lecce son las iglesias, los palacios y las plazas construidas con pietra leccese (la piedra local) dorada .
Excelente base para explorar el Salento y sus playas cercanas, Lecce se encuentra en el centro del Salento y goza de excelentes conexiones en auto y tren con el resto de Italia, lo que la convierte en un punto de partida ideal para explorar el “taco de la bota» italiana.
El centro histórico alberga callecitas, plazas y monumentos, destacándose las iglesias barrocas, los palacios nobles y las ruinas antiguas como el Anfiteatro Romano.
El anfiteatro romano en Lecce, Italia. Foto ShutterstockPero Lecce no es sólo historia y piedra: se vive intensamente el presente gracias a una vibrante vida cultural, con festivales, conciertos y eventos que convocan tanto a los habitantes como a los turistas, que quedan encantados con la gastronomía tradicional.
5) Locorotondo, el pueblo redondo
El pueblo circular de la Puglia: Locorotondo. Foto ShutterstockEnclavado en el corazón del Valle d’Itria, el centro histórico de Locorotondo está organizado con formas circulares, de ahí su nombre (que en latín significa “lugar redondo”).
Se trata de un encantador pueblo con casas blancas, calles floridas, tejados inclinados y vistas al valle.
Desde los miradores de Locorotondo se despliega un paisaje que mezcla viñedos, olivares y colinas suaves que se extienden hasta donde alcanza la mirada.
El centro histórico de Locorotondo está en el Valle d’Itria. Foto ShutterstockJustamente, su panorámica sobre el valle permite comprender por qué este pueblo está entre los más valorados de la región: su entorno, su arquitectura y su tranquilidad hacen de él un refugio ideal para quienes buscan belleza, silencio y naturaleza combinados con historia.
No es un destino de multitudes, sino que es un apacible caserío para perderse entre las calles blancas, respirar el aire puro y dejarse llevar por los detalles: un portal antiguo, una ventana con flores, la luz del atardecer sobre la piedra.


