Playas de arena blanca, mares turquesas, volcanes dormidos y una mezcla cultural que condensa África, Asia y Europa en un mismo territorio. Mauricio es un país pequeño que despliega grandeza natural y hospitalidad generosa. Aún cuando su nombre suena a destino de ricos y famosos, es posible recorrerlo de múltiples maneras: desde resorts de lujo hasta guesthouses familiares, desde viajes a medida hasta la posibilidad de una senda por tu cuenta.
Es un viaje sorprendente para descubrir jardines botánicos con nenúfares gigantes, montañas que son monumentos de libertad, cascadas volcánicas y mercados donde la cocina callejera reúne todas las lenguas del Índico.
La isla mide 65 x 45 km, pero moverse puede llevar tiempo por el tránsito.
Una historia que se mezcla con la modernidad
Formada hace unos 8 millones de años tras una erupción, fue colonizada sistemáticamente por árabes, malayos, portugueses, holandeses (quienes le dieron su nombre actual en honor a Mauricio de Nassau), franceses y finalmente británicos.
Vista de Port Louis, la capital. Foto Jivendar Tulsidas / Mauritius Travel and TourismLa capital, Port Louis, es el corazón palpitante de la isla. Su mercado central vibra en especias, frutas tropicales y puestos de comida donde un dholl puri callejero (pan plano relleno de legumbres) cuesta menos de US$ 1,5.
A pocos pasos, la Citadelle ofrece vistas panorámicas de la ciudad (entrada gratuita).
Su mestizaje que se refleja en templos, en el calendario de festividades religiosas y en la gastronomía. No es raro comenzar el día con un croissant, almorzar un curry especiado y cenar dumplings al estilo cantonés.
El Aapravasi Ghat, en Port Louis, un complejo de edificios con restos de las primeras construcciones para recibir a los trabajadores de la India. Foto Jivendar Tulsidas / Mauritius Travel and TourismLa historia colonial se siente en las plantaciones de caña de azúcar, transformadas hoy en museos o en rutas turísticas como la del té en Bois Chéri, donde por US$ 12 se recorren los sembradíos y se degustan infusiones en medio de un jardín que balconea al océano.
Entre playas soñadas y paisajes únicos
La isla entera parece hecha para el asombro. Al suroeste, el Le Morne Brabant, Patrimonio Mundial, se alza como símbolo de resistencia: allí se refugiaban los esclavos que huían de las plantaciones. Desde su cima, las vistas abarcan playas infinitas y el fenómeno óptico de la “cascada submarina”. Es posible escalarlo solo, aunque existen guía que lo hacen por US$ 40 por persona.
Le Morne Mountain. Patrimonio Mundial. Foto Mauritius Travel and TourismEn el sur, la aldea de Chamarel deslumbra con la Tierra de los Siete Colores: dunas minerales que cambian de tono según la luz (entrada US$ 5).
A pocos metros, la destilería de Chamarel (US$ 15) es el mejor lugar para conocer cómo se fábrica el ron a partir de la caña de azúcar, ofrecen visita guiada, cata y el restaurante sirve algunos platos con ron como ingrediente.
Los amantes del buceo encuentran en el Parque Marino de Blue Bay un verdadero acuario natural. Los paseos en bote con fondo de cristal cuestan alrededor de US$ 25, y el snorkel revela jardines coralinos y tortugas marinas.
Las excursiones en catamarán a las islas satélite -como Île aux Cerfs o Île aux Benitiers- son imperdibles. Incluyen almuerzo en la playa y snorkeling, y cuestan desde US$ 60.
En el corazón interno de Mauricio, el Black River Gorges National Park ofrece senderos de trekking gratuitos: cascadas, aves endémicas y miradores que atraviesan la selva.
Más hacia el norte, el Jardín Botánico de Pamplemousses es una de las visitas clásicas (entrada US$ 8). Allí los nenúfares parecen espejos gigantes flotando en estanques, rodeados de palmeras y especias.
El Jardín Botánico. Foto Mauritius Travel and TourismPara quienes buscan experiencias culturales, el Grand Bassin es un lago sagrado hindú, rodeado de templos y custodiado por estatuas monumentales de Shiva y Durga. El ingreso es gratuito y la experiencia es conmovedora.
Bon vivant
Mauricio cuenta con más de 12 campos de golf, incluyendo campos de campeonato diseñados por artistas como Ernie Els y Bernhard Langer. El hito para conocer (se puede ir al restaurante sin necesidad de jugar un partido) está alto de la región de Bois Chéri. Es el Avalon Golf Estate con18 hoyos, diseñado por Peter Matkovich, que está rodeado por 360 grados de vistas increíbles.
La isla es célebre por sus resorts de lujo, muchos de ellos con playas privadas, spas y campos de golf. Shangri-La Le Touessrok es un clásico, que reinventó un rincón selecto. Sus restaurantes tienen para todos los gustos y una excursión a TSK, un bar con aires de playa y comida local o a Coco´s con aire italiano puede ser un lujo permitido para explorar algo de la vida más exquisita de la isla.
La isla Mauricio atrae con sus playas. Foto ShutterstockAún así se consiguen alojamientos en hoteles boutique por US$ 150 la noche o departamentos por Airbnb en la costa oeste donde abundan opciones desde US$ 70 el día.
La gastronomía acompaña con una paleta amplia: desde un almuerzo callejero por US$ 3 o 4 hasta cenas frente al mar por US$ 40-50 por persona. Escale Créole regenteado por madre e hija Marie-Christine y Majo, es el sitio perfecto para vivir la cocina auténticamente mauriciana.
Mauricio es, en definitiva, mucho más que un paraíso de postal. Es una isla pequeña que guarda un mundo: naturaleza exuberante, cultura mestiza, sabores intensos y la posibilidad de adaptarse a distintos estilos de viaje. Un lugar donde el Índico ofrece descanso y descubrimiento.
Guía básica para visitar Mauricio
Los traslados en taxi desde el aeropuerto rondan los US$ 40. Es allí donde comienza el viaje -en el aeropuerto Sir Seewoosagur Ramgoolam- conectado con Europa, África y Asia. Desde Buenos Aires, se llega vía San Pablo y Johannesburgo, o vía Europa.
Para recorrerla, conviene alquilar un auto (se maneja por la izquierda), aunque también hay buses muy económicos (menos de US$ 1 por trayecto).
Desde resorts de lujo hasta departamentos de alquiler. Foto Shutterstock- La mejor época para viajar a Mauricio
La mejor época para viajar es de mayo a noviembre, con clima seco y temperaturas suaves. De diciembre a marzo es temporada de calor y lluvias, aunque también de playas menos concurridas.
La moneda es la rupia mauriciana (1 USD ≈ 45 MUR), se habla inglés y francés, aunque los locales hablan creole.
- Certificado de fiebre amarilla
Los argentinos no necesitan visa por estadías cortas (hasta 60 días), aunque es indispensable el certificado de vacunación contra la fiebre amarilla.


