Una señal de alerta. Una reflexión sobre el impacto de los viajes en el planeta y en cada destino en particular.
Como cada año, la famosa «No List» de Fodor’s, reconocida editorial dedicada a las guías de viajes, hace foco en lugares populares en los que el turismo sin control empieza a provocar daños, donde la masificación asfixia a la naturaleza o a las comunidades locales.
«No se trata de un boicot», aclaran cada año desde la publicación, sino de prestar atención y, como parte del mundo de los viajes, ser conscientes de que nuestra decisión de a dónde viajar y cómo viajar, deja huella.
Estos son los destinos a los que Fodor’s sugiere no viajar en 2026.
Antártida
El continente blanco recibió 120.000 visitantes en la última temporada, cifra que podría duplicarse en una década.
«El entorno es frágil y excepcional. Por eso la gente quiere ir, pero también por eso no puede soportar un gran volumen de turismo», dice Jessica O’Reilly, profesora asociada de Antropología en la Universidad de Indiana de Estados Unidos y asesora de las Reuniones Consultivas del Tratado Antártico.
Pingüinos en la Antártida.Actualmente, el turismo en la Antártida sigue siendo, como cuando empezó en la década de 1950: a través de cruceros. Se estima que cada temporada, unos 80 buques arriban a la costa antártica. Estos barcos llevan entre 12 y 3.150 pasajeros a bordo, según estadísticas de la IAATO (Asociación Internacional de Operadores Turísticos de la Antártida).
Pese a las medidas tomadas para mitigar el impacto de lo cruceros turísticos en el ecosistema antártico, hay muchos estudios que demuestran que el turismo altera el comportamiento de la fauna y contribuye al derretimiento del hielo, a la introducción de especies invasoras y la contaminación del agua.
Islas Canarias (España)
Bajo el lema «Canarias tiene un límite», los residentes de este archipiélago de España ubicado en el océano Atlántico, suelen salir en los medios por sus protestas contra un modelo turístico que llevó a que en solo en la primera mitad de 2025, se recibiran casi 8 millones de turistas, un 5 % más que en el mismo período del año anterior.
La invasión de alquileres vacacionales expulsado a los locales de sus barrios y la infraestructura colapsa con vertidos diarios de aguas residuales al mar.
Protestas por el turismo masivo en Santa Cruz de Tenerife. Foto REUTERS/Borja En estas islas, además, hay emergencia hídrica con lo cual el consumo de agua debe ser extremadamente cuidadoso, aunque no lo parece.
«Los buses van abarrotados, los atascos son constantes y las playas cierran con mayor frecuencia debido a la contaminación y las aguas residuales», dice John Dale Beckley, fundador de la plataforma de sostenibilidad CanaryGreen.org, citado en. la No List de Fodor’s.
Montmartre (París, Francia)
El histórico barrio de los artistas de la capital de Francia recibe actualmente unos 11 millones de visitantes por año, superando las cifras de quienes ingresan a la Torre Eiffel.
La basílica Sacré Coeur en Montmartre. Foto Christophe ARCHAMBAULT / AFPSegún el relevamiento de Fodor’s, los residentes denuncian una situación «invivible» con precios inmobiliarios que tuvieron alzas de un 35% en un año y el reemplazo de comercios tradicionales por tiendas para turistas.
“Cuando el Ayuntamiento dice que está devolviendo el barrio a los residentes, es hipócrita”, dice una habitante de ese barrio que es parte de las asociaciones civiles Vivre à Montmartre y la Association de défense de Montmartre. Agrega: “Se está haciendo todo lo posible para facilitar la vida a bares, restaurantes y algunos negocios, pero no hay nada para los residentes».
Mombasa (Kenia)
Convertida en el epicentro del turismo costero del país, esta ciudad histórica sufre las consecuencias de un crecimiento sin planificación.
Mombasa es conocida como «la ciudad blanca y azul», un destino histórico que recibe el 70% de los turistas que visitan la costa, en medio de una campaña del país por incrementar el número de visitantes.
Pero sin estudios sobre el impacto de un crecimiento fuerte en cantidad de gente, el sobreturismo ha degradado sus playas con basura y aguas residuales que fluyen directamente al océano, mientras que la inseguridad (hay un desempleo juvenil del 44%) y problemas sociales como el turismo sexual generan un creciente descontento entre los habitantes.
“Inicialmente, había estaciones de depuración de aguas residuales por todas partes, pero hoy en día las aguas residuales sin tratar se vierten directamente al océano, matando los manglares y los peces”, dice Edwin Muinga, conservacionista y fundador de Clean Mombasa.
Parque Nacional de los Glaciares (Montana, Estados Unidos)
En este parque de Montana, los glaciares desaparecen tan rápido que se estima que para 2030 no quedará ninguno de los 27 restantes.
Uno de los glaciares del parque de Montana. Foto ShutterstockEsta situación de extrema delicadeza, que requiere acciones urgentes, ha generado un efecto indeseable y contraproducente: una marea de visitantes bajo el lema «antes de que sea tarde» satura las rutas y aumenta las emisiones de carbono… acelerando así los problemas como el deshielo y la degradación ambiental.
Isola Sacra (Italia)
Cerca de Roma (32 km), esta pequeña comunidad lucha contra el proyecto de un megapuerto -Fiumicino Waterfront- diseñado para barcos de 6.000 pasajeros que requeriría extraer millones de metros cúbicos de arena.
Frente al auge del empleo o el desarrollo del turismo que prometen las autoridades, los vecinos ven otra realidad: «Solo juntos podemos detener estos proyectos que amenazan con destruir un delicado ecosistema de dunas, humedales, tierras agrícolas, vegetación única y especies animales terrestres y marinas», dicen los activistas en los medios.
Según Anna Longo, presidenta de Italia Nostra Litorale Romano y citada por Fodor’s, «el escenario que se avecina parece apocalíptico: la costa será invadida por muelles, hoteles y nuevos edificios comerciales».
Jungfraujoch (Suiza)
Con más de un millón de personas que visitan cada año Jungfraujoch -famoso por albergar la estación de tren mas alta de Europa-, los idílicos pueblos suizos están perdiendo su alma debido a un turismo de «foto rápida».
Los visitantes llegan en teleféricos masivos y se van sin aportar a la economía local, mientras el glaciar Aletsch retrocede y la falta de viviendas se agrava porque los dueños prefieren el alquiler temporario por sobre el residencial.
Ciudad de México
La tensión en la capital mexicana ha escalado hasta generar protestas contra el nomadismo digital y plataformas de alquiler que dispararon los precios de la vivienda.
Una persona sostiene un globo durante una marcha contra la gentifricación en Ciudad de México. Foto EFE/ Sáshenka GutiérrezLa proliferación de alojamientos de corto plazo ha forzado desalojos de residentes locales y está alterando la cultura de barrios históricos, que hoy parecen diseñados exclusivamente para extranjeros con alto poder adquisitivo.
Según señalan en Fodor’s, «en un esfuerzo por recuperar los barrios de la Ciudad de México para los residentes locales, las nuevas normas limitan los alquileres a corto plazo a un máximo de 180 noches al año. Sin embargo, esta medida no entrará en vigor hasta después de la Copa Mundial de la FIFA 2026, cuando la Ciudad de México albergará cinco partidos, y se espera que propietarios y anfitriones aumenten las rentas para aprovechar el aumento de llegadas».
El objetivo de la medida es «frenar el deterioro de la vida comunitaria que surge cuando los vecinos son reemplazados por un carrusel de maletas«.


