La primera vez que ves El Arco de Cabo San Lucas, entendés por qué los colonos españoles pensaron que habían llegado al fin de la tierra. Esa formación rocosa de más de 10 mil años se yergue como un portal entre dos mundos: de un lado, el Mar de Cortés, verdoso y manso; del otro, el Pacífico, con su azul infinito y profundo.
Pero Los Cabos es mucho más que esa postal. Es un lugar donde el desierto se rinde ante el océano, donde se habla del avistamiento de ballenas grises con la misma naturalidad con la que los porteños cruzan la 9 de Julio. Ubicado en Baja California Sur, el estado más joven de México —fundado hace apenas 50 años—, aquí llueve solo 10 días al año, pero cada gota se celebra como un milagro.
Los Cabos son cinco, como los dedos de la mano: Cabo Pulmo, Cabo del Este, San José del Cabo, Cabo San Lucas y Cabo Finisterra. De ellos, los dos más conocidos por su corredor turístico son San José y San Lucas.
En la década de los años 70, el entonces presidente mexicano Luis Echeverría Álvarez tuvo la idea de convertir este punto de la península y sus pueblitos pesqueros en un lugar de veraneo glamoroso para las estrellas de Hollywood. Por entonces, Acapulco, al sur y en el macizo continental, ya ostentaba fama como riviera de la élite en México.
Los Cabos es un destino que deslumbra a cada paso: cuando pensás que encontraste la fórmula para describirlo, aparece algo nuevo que te sorprende. Siempre.
Vista aérea del Parque Nacional Cabo Pulmo, México. Foto Visita Los CabosPlayas paradisíacas
En Cabo San Lucas, en lo bajo de la península, hay tres bahías ideales para nadar que atrapan: Playa El Médano, Playa El Chileno y la Bahía de Santa María.
Las playas en Baja California Sur son públicas y muchas cuentan con la certificación Blue Flag, un sello ecológico internacional que garantiza buena calidad del agua, manejo responsable de residuos, presencia de socorristas, primeros auxilios, sanitarios y accesibilidad.
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La crónica de un recorrido con playas espectaculares, excursiones de snorkel, hoteles de lujo y todos los sabores de México.
Poner los pies en la arena de la playa El Médano es un mimo, la mejor manera de sentirse de vacaciones. Esta playa se caracteriza por un mar calmo, azul y tibio, con brisas suaves y un ambiente que combina el ánimo de las fiestas con opciones para cada tipo de turista.
El mar calmo en playa El Médano. Hay vendedores, música y bares típicos a la orilla de la playa. Todos los hoteles que dan al mar, como Casa Dorada, tienen su propio espacio preparado para sus huéspedes, pero se puede bordear toda la bahía —seas huésped o no— caminando a la orilla del mar.
A unos 15 minutos en auto de El Médano está la Bahía de Santa María, donde ofrecen tours en kayak, tablas de remo y esnórquel. Sus aguas son tranquilas y, a diferencia de la energía festiva y los negocios de El Médano y la Marina de Cabo San Lucas, los visitantes pueden escuchar el arrullo del mar hasta bien entrado el mediodía.
Vista de Bahía Santa María. Foto Visita Los CabosLa tercera bahía de Cabo San Lucas, Playa el Chileno, conserva vestigios de cuando se iniciaron los torneos de pesca deportiva: una estructura de unos 5 metros de altura construida para colgar allí los enormes marlins rayados que competían por quedarse con el primer premio.
La Bahía El Chileno y su playa. Foto Visita Los CabosCabo San Lucas sigue siendo el hogar de los Torneos Bisbee’s, entre ellos el Bisbee’s Black & Blue, conocido como “el Super Bowl” de la pesca deportiva. De las tres competiciones anuales, esta tiene lugar en octubre y es la más esperada. Requiere una inscripción de 85.000 dólares, pero también tiene su recompensa: el equipo ganador de la última edición se llevó más de 2,5 millones de dólares en premios.
En la orilla de esta playa no es raro encontrarse con pequeños sectores demarcados y protegidos: son sitios donde hay nidos de tortuga que se delimitan para aumentar la expectativa de vida de las crías.
Estructura en Playa El Chileno, Cabo San Lucas, para colgar los marlins obtenidos en los torneos de pesca que se organizan en Baja California Sur.“La tortuga golfina es una de las cinco especies que desovan en nuestras playas del Pacífico. Una vez que pasa el período de incubación, salen de su huevo, pero por la temporada del año —diciembre al momento de este viaje—, hay una alta probabilidad de que solo el 50% de los huevos eclosionen debido a la temperatura de la arena, que ya es demasiado fría para que permitan el desarrollo adecuado del embrión”, explica el guía Mauri Sánchez. Para Sánchez, lo especial de la península radica en que los mexicanos llegados hace cien o doscientos años desde el continente trajeron consigo la cultura de sus regiones de origen.
El avistamiento de ballenas es una de las actividades más representativas de este destino entre diciembre y abril. Foto Visita Los Cabos“Encuentras comidas de todo México, ves los viñedos, los bosques subtropicales, el desierto; y el Mar de Cortés, un mar no contaminado”, enumera con orgullo.
El acuario del mundo
Las 7.111 hectáreas del Parque Nacional Cabo Pulmo son el lugar con más densidad de vida, con más peces, más animales y más corales por metro cuadrado de todo el golfo de California.
El destino propone disfrutar de la vida submarina. Foto Visita Los CabosOthon Ayala, el guía de 25 años que enseña a los turistas a hacer snorkel en varias zonas de avistamiento marino delimitadas dentro del parque, adelanta el itinerario del tour. Primero pasaremos por Las Navajas, donde hay una barra de coral larga y bajita, con una profundidad de 1 a 5 metros. Luego iremos hacia el oeste, a buscar unos cardúmenes de jurel, anuncia.
“Los jureles que tenemos por acá son de ojo grande y nadan en cardúmenes de entre cientos y miles. Es algo increíble de ver, y en caso de encontrar una bonita ‘escuela’, nadamos con ellos”, cuenta.
Y añade: “Después de eso, visitamos un arrecife más profundo, el de El Bajo, donde se pueden ver peces grandísimos, incluso de mi tamaño”. Othon mide 1,80.
El día pautado para el snorkel está nublado, una rareza en Baja California Sur. ¿Afectará el viaje? Niega con la cabeza: “No, porque tenemos agua cristalina. Ahora hay entre 20 y 30 metros de visibilidad”.
Un espectacular cardumen de jureles en Cabo Pulmo. Foto Visita Los CabosAl mando de Gaviota, la pequeña embarcación naranja, está el capitán Luis Mario Castro. Cuando dice que conoce este parque “como la palma de su mano” no exagera. La historia de su familia y la de Cabo Pulmo son una. Su bisabuelo, Jesús Castro Fiol, llegó a Cabo Pulmo desde Santiago (un pequeño pueblo en Baja California), y heredó de su madrina la hacienda y las canoas de aquella villa pesquera. Por generaciones, la familia Castro se dedicó a la pesca de tiburón, tortuga y otras especies, hasta que a principios de los años 90 la escasez de peces hizo que la actividad fuera insostenible. Los Castro encabezaron la transición hacia un modelo sustentable de turismo y en 1995 fueron parte de la conversión de estas aguas en un parque nacional, uno de los tres que tiene Baja California Sur.
Mar adentro, frente a la opacidad del cielo, bajar la mirada convierte todo en un mundo transparente, inmaculado y silencioso. De repente, el guía nota algo en el agua: hay un tiburón ballena, uno de los pocos tiburones herbívoros del mundo. Cuando lo avista, se emociona tanto como los viajeros.
“¡Qué suerte tienen!, ¡qué padre!”, exclama mientras todos a bordo del Gaviota estamos listos para lanzarnos al agua con el snorkel.
Othon no exageraba. El tiburón nada bajo los pies de esta cronista, su piel lisa casi brilla, con puntos que son como las perlas que antes solían pescarse en este lugar. Othon vive y respira mar. Se nota cuando describe cada especie marina del parque nacional, sobre todo si son las que tiene tatuadas en su cuerpo: una tortuga marina, una ballena, un pez raya.
Ahora hay que navegar hacia un cardumen. Es una “escuela”, como les llaman, porque no hay un líder, cada animal reacciona instintivamente al movimiento de su compañero y, como una orquesta tocando una sinfonía, nadan de forma sincronizada, a la misma velocidad, girando al mismo tiempo. Son miles y son uno. Rozan a los nadadores y luego se hunden en banda, indiferentes a sus movimientos.
Pueblitos mágicos
En San José del Cabo, a orillas del Mar de Cortés, se fusionan la historia prehispánica y colonial con un distrito artístico. En la iglesia de la misión quedan vestigios de los alzamientos del pueblo pericú contra los colonos españoles y, a pocos metros de este edificio histórico, se despliega un paseo hipnótico que nos lleva hacia las galerías de arte. En el siglo XX, la magia de su clima llevó a distintos artistas norteamericanos retirados a huir del frío para instalar sus casas y galerías.
La iglesia de San José del Cabo. Foto Visita Los CabosDe día y de noche se puede caminar por sus calles pintorescas, desde donde cuelgan de lado a lado las formas del papel picado multicolor, el típico adorno mexicano que el resto del mundo reconoce en los altares del Día de Muertos. Su simbolismo, sin embargo, vive todos los días del año en estas tierras como la representación en el aire de la unión entre la vida y la muerte.
Unos 100 km al noroeste, bordeando las aguas del Pacífico, está Todos Santos, un pueblo que también debe su nombre a la misión católica instalada allí para “traer el evangelio” a los pericúes.
Como cualquier pueblito, guarda sus costumbres y leyendas que pasan de generación en generación. “Mi abuela decía que las brujas se juntaban en esta colina a hacer sus ritos. Entonces, de niño, había un conflicto en mi mente porque abajo de esa colina están los puestos que venden dulces tradicionales mexicanos”, cuenta Emir Olachea mientras conduce.
Una de las callecitas coloridas de Todos Santos. Foto Visita Los CabosUna calle llena de tiendas en la falda de la sierra ofrece cientos de ejemplos de la dulcería típica. Emir concluye que bien valía la pena arriesgarse a ser capturado por las brujas cuando comía los dulces como el que ahora trae en las manos: empanadas de harina de trigo con dulce de guayaba, piña o camote (batata), obleas, galletas, mangos deshidratados, entre otros.
Más tarde, lejos de la amenaza de la sierra y las brujas, recorremos el casco histórico y la plaza central con puestos ambulantes de recuerdos y artesanías. Arriba, el sol resplandece mientras las campanadas de las dos de la tarde de la capilla de Nuestra Señora del Pilar de Todos Santos -levantada en el siglo XVIII por el sacerdote Segismundo Taraval- se cuelan entre los pregoneros y la música de los negocios de comida cercanos.
Hay una historia que a los guías les encanta contar y a los fanáticos de la música les complace oír. La capilla está flanqueada por el Hotel California, un establecimiento fundado en la década de 1950 por un emprendedor chino que huía del comunismo y llegó al pueblo en busca de refugio. El hombre instaló la posada y se cambió el nombre a Antonio Tabasco —para que no quedaran dudas de su mexicanidad— y mantuvo el lugar en pie hasta su venta, explica Olachea.
Los choyeros —como se nombran a los nativos de “la Baja” en honor a la planta regional, la choya— cuentan que este lugar sirvió de inspiración para que la banda The Eagles creara su canción más conocida y reseñan a los turistas todas las pistas que la letra ofrece cuando Don Henley habla del olor de las “colitas” (flores de cannabis) y recita: “There she stood, in the doorway. I heard the Mission bell” (Allí estaba ella, en la puerta. Oí la campana de la Misión).
En varias entrevistas, la banda estadounidense aclaró que la composición lanzada en 1977 —cuando el hotel ya estaba más que instalado y recibía a muchos californianos— no se refería a un lugar físico, sino al viaje metafórico de la inocencia a la experiencia. Pero las coincidencias existen y cada pueblo necesita sus leyendas.
Desierto, camellos y el récord Guinness para volar en bicicleta
Con sus ocho microclimas, Los Cabos también ha robustecido su oferta para los fanáticos del camping, el off-road y la adrenalina.
A 30 kilómetros de la Marina de Cabo San Lucas, hacia el noroeste y de cara a las aguas del Pacífico, Cactus Tours permite agendar un paseo en camello e incluso alimentar a Linda Kardashian, una hembra rescatada de un circo de Tijuana, que es la consentida del lugar.
Una curiosa tirolesa de bicicletas. Foto Visita Los CabosLa empresa también ofrece la posibilidad de manejar un vehículo 4×4 o subirse a la tirolesa para bicicletas más larga del mundo. La ruta, que arrebató el récord Guinness a Puerto Rico, cuenta con un recorrido de tres paradas que abarca una longitud de 339,39 metros.
La atracción cuenta con cuatro cables y sostiene a pasajeros de hasta 120 kg. Después de dos revisiones de seguridad a los arneses y los cascos, estamos listos para empezar a pedalear. La instrucción es clara: en este primer tramo debemos pedalear con ritmo, como en una subida. Al frente, el océano y la primera casilla de la torre de control; a los lados, el sepia infinito del desierto; abajo… mejor no mirar.
El segundo tramo del viaje se siente como una bajada. Podemos dejar de pedalear por un rato y, para quien creció viendo la película E.T. de Steven Spielberg, es la sensación de volar casi como Elliott y su amigo extraterrestre, surcando el aire sin pausas. El tramo final es una buena oportunidad para competir con quien tengas al lado.
“Los Cabos tiene esa mezcla, esas diferentes texturas para todos”, nos había dicho el día anterior César Castillo, el director del hotel Bahia & Beach House.
Texturas. Esa es la palabra. La arena tibia de El Médano bajo los pies, el agua cristalina de Cabo Pulmo, el polvo del desierto que se pega a la ropa, el picante del chile habanero que despierta el paladar, el papel picado que se mece con la brisa de Todos Santos, las sonrisas de sus anfitriones. Los Cabos, el lugar donde el desierto abraza dos mares y te invita a volver.
Leé más sobre qué y dónde comer en Los Cabos: Mucho más que tacos: qué comer en Los Cabos, un destino con restaurantes de lujo y recomendados por la Guía Michelin
Cómo llegar a Los Cabos
- Desde Argentina, Copa Airlines ahora ofrece volar desde Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Salta, Mendoza y Tucumán hacia Panamá y allí conectar con su nuevo vuelo a San José del Cabo, sin pasar por Ciudad de México u otras escalas.
- Para moverse por la región, lo ideal es alquilar un auto.
Dónde alojarse
- En Playa El Médano, la habitación en el hotel de lujo Casa Dorada Los Cabos Resort & Spa cuesta desde US$ 250 por noche en febrero 2026 (con desayuno incluido, excelente atención y vista al mar desde todas las habitaciones).
Cuánto cuesta
- Paseo de tres horas en velero desde la Marina de Cabo San Lucas para ver el atardecer en El Arco con barra libre y aperitivos de Cabo Adventures, desde US$ 109 por adulto.
- Paseo de dos horas y media en snorkel por el Parque Nacional Cabo Pulmo, organizado por Cabo Pulmo Sports Center —para nadar con fauna marina—, US$ 80 por persona.
- Paseo en camello por la playa y la tirolesa para bicicletas en Cactus Tours, desde US$ 125 por adulto.
- Paseo a pie de Cabo City Tours de 2 horas por San José del Cabo y su historia a cargo de Cristian Omar Sandoval Villaseñor, desde US$ 39.
- Kayak y snorkel guiado de tres horas en dos bahías por playa El Chileno y Santa María de High Tide Los Cabos, desde US$ 95.
- Degustación y charla educativa sobre la fascinante historia del tequila y del mezcal en Tequila Town, desde US$ 40.
Una vista de El Arco. Foto Visita Los Cabos

