La lancha está a punto de partir de Puerto Pañuelo, en el kilómetro 25 de la península Llao Llao de Bariloche. Desde allí zarpan la mayoría de las excursiones lacustres por el Nahuel Huapi.
Con solo levantar la vista se ven los coihues, los cipreses y los árboles del bosque andino de la Patagonia. Por supuesto, de frente está el lago que tiene una superficie casi tres veces mayor que la de la ciudad de Buenos Aires.
La excursión al Bosque de Arrayanes y a la Isla Victoria es un clásico inoxidable de Bariloche, que se realiza casi desde el inicio del Parque Nacional Nahuel Huapi.
Además de ese paseo clásico, hay otras formas de conocer la isla lacustre más grande del país, que tiene poco más de 30 kilómetros cuadrados (unos 20 de largo y 4 de ancho).
“Vamos a la costa este, la menos visitada y el corazón de la isla”, dice Carlos Pelli, fundador de Wilderness Patagonia, que organiza la Experiencia Isla Victoria.
La excursión invita a explorar la isla desde adentro, dormir en un domo a las orillas del lago y descubrir los bosques y montañas a lo largo de más de 50 km de senderos. La misma isla que alguna vez visitaste, pero desde otro ángulo, con otros tiempos y con calma para saborearla paso a paso.
Las olas y el viento
El muelle en el gran lago patagónico. Foto Gentileza Colección Wilderness PatagoniaEl viaje hacia Puerto Piedras Blancas, en la Isla Victoria, dura unos 45 minutos. El viento se pone arisco en algunos pasajes.
La mirada se pierde en el horizonte, en el verde de las montañas, en una franja de nubes, en el Brazo Huemul y en los borbotones de espuma de las olas. Después de algunos cabezados involuntarios por el sacudón de las olas, llegamos a la bahía.
Al costado, se ven dos pequeños veleros anclados. De fondo se divisan los domos. Sólo se siente el ruido de las zapatillas y los bolsos contra la arena. La sensación es muy diferente a la Isla Victoria que alguna vez conocimos.
La vista de los domos en la Isla Victoria. Foto Gentileza Colección Wilderness PatagoniaDespués de instalarnos en los domos -con una mirada privilegiada sobre el lago- bajamos el ritmo con una caminata corta hasta una gran piedra volcánica junto a la bahía. Vemos un ejemplar de arrayán, con su corteza color canela. “A esto le llaman barba de viejo y es un indicador de aire limpio”, dice Martín Méndez, anfitrión en la isla y a cargo del equipo de trabajo, mientras toca el filamento del árbol.
Después del almuerzo -un goulash irresistible-, llega el turno de explorar la isla a fondo para conocer su naturaleza e historia en una caminata de casi cuatro km a través del Área Central, donde se concentra la zona más urbanizada. Méndez cuenta que la isla fue un coto de caza y que fue propiedad del aristócrata Aarón de Anchorena.
Por momentos, se abre una vista generosa a la bahía y sus playas con aguas de tono verdoso. En el vivero del Área Central, vemos un cedro gigante, la vieja casa de Anchorena y el puerto que lleva su apellido, donde llegan las grandes embarcaciones.
Vista aérea de la isla Victoria, cerca de Bariloche. Foto Gentileza Colección Wilderness PatagoniaDesde el mirador se despliega una panorámica que abarca la Península Manzano, los cerros Tres Hermanos, el cerro Bella Vista y la inmensidad del Lago Nahuel Huapi. Paramos un momento en Playa del Toro, donde la sensación es la de una soledad primaria, casi de náufrago, sin nadie a la vista.
En el vivero histórico sorprenden los ejemplares de sequoia gigante. Martín propone hundir el dedo en el tronco de uno de esos árboles. Al tacto se siente una corteza fibrosa y esponjosa. Es uno de los árboles más longevos del planeta, que puede llegar a vivir 3 mil años y superar los 100 metros.
Pasamos por un pinar geométrico. Nos quedamos mudos de la belleza, de esa rectitud. El silencio es interrumpido por un repique seco contra la madera. Tac-tac-tac. Toc-toc-toc. Un pájaro carpintero que no llegamos a ver.
Acá la experiencia de conocer la Isla Victoria se vive en profundidad. Se pasa la noche en unos domos con cómodas camas, enchufe para el celular, una estufa de combustión a leña y el gran lujo: el ventanal que mira al lago, a las estrellas y a una calma que no es fácil de conseguir.
Las comodidades del domo en la naturaleza. Foto Gentileza Colección Wilderness PatagoniaAl día siguiente, después del desayuno, iniciamos una segunda caminata hacia el otro extremo de la isla. En los primeros pasos, nos internamos en un túnel de bosque denso y se siente el olor a tierra mojada y aceites vegetales que surge cuando la lluvia cae sobre el suelo seco.
Cuando ya casi no hablamos y el silencio se vuelve parte del paisaje, un ciervo cruza el sendero con su andar grácil. Pasamos por arroyos que dejan un susurro de agua a lo lejos y por los puertos Turbina y Llavallol -reciben el nombre de puerto pero ya no tienen la infraestructura para recibir embarcaciones-, con su amplia playa.
“El acantilado que viene se llama Paso del Viento. Vas a entender por qué”, anticipa Méndez. La subida es suave, pero al coronar, como si alguien hubiera girado una perilla invisible, una ráfaga furiosa nos sacude. Nos miramos y reímos.
Como postal final de la caminata nos detenemos en Puerto Radal, que ofrece quizá la vista más amplia de la isla. Desde ahí se ve el Brazo Huemul, el Cerro Otto, Puerto Gross y más allá la ciudad de Bariloche. Emprendemos el regreso de una caminata de 7 km.
Después del almuerzo, la lancha nos devuelve a la ciudad. A los pocos minutos, Bariloche aparece otra vez con su pulso habitual.
En el avión, cuando la Cordillera se vuelve una línea en el cielo, regresan como una marea lenta los senderos de la isla, el olor de la tierra húmeda, el crujido del bosque bajo los pasos… La Isla Victoria queda adherida como resina en la memoria.
Consejos
- Llevar pantalón corto y largo, además de calzado cómodo para las caminatas.
- Para la navegación, es indispensable contar con rompevientos. Y conviene vestirse en capas: remera, buzo polar y campera de abrigo.
- No olvidar protector solar, gorro y lentes oscuros para resguardarse del sol y del viento.
- Circular únicamente por picadas, sendas y senderos habilitados.
- No se puede ingresar con mascotas.
Miniguía
- Cómo llegar. Aerolíneas Argentinas, JetSmart y Flybondi vuelan desde Aeroparque y Ezeiza a Bariloche. Se consiguen pasajes ida y vuelta desde $ 82.000.
- Dónde alojarse. Hotel La Cascada Casa Patagónica (4 estrellas), a orillas del Lago Nahuel Huapi y a 6 km del Centro Cívico. Tiene amplias habitaciones, living con vista al lago y senderos para realizar caminatas, junto a una cascada natural. Hay habitaciones dobles desde US$ 150 más IVA (lacascadacasapatagonica.com.ar).
- El alojamiento en los domos con desayuno cuesta $ 240.000 por noche en base doble. Con 30 m2, tienen energía eléctrica y (estufa de combustión lenta a leña, un pequeño living y un deck exterior con mesa y sillas (wildernesspatagonia.com).
- Dónde comer. El restaurante Auita pone el foco en los productos locales, a cargo de Joaquín Facio y Mei Lázaro. Ofrece un menú degustación de $120.000. La pesca del día thai con arroz fortuna, $ 37.000 (Instagram: @auita.bariloche).
- Del Azul, especializado en pescados y mariscos, principalmente del Golfo San Matías. Un mixto de pescados y mariscos para dos, $ 60.000; tiradito de pesca blanca con salsa chalaquita, $ 27.000. También venden sushi en el restaurante del chef Leonardo Perazzoli (@delazulbariloche).
- Cuánto cuesta. El traslado a Puerto Piedras Blancas en servicio taxi boat cuesta $120.000; de 4 a 11 años, $ 80.000.
Dónde informarse
- nahuelhuapi.gov.ar
- barilocheturismo.gob.ar


